miércoles, 22 de febrero de 2023

La Perdida del Soft Power Americano (Post Embedding)


La Perdida del Soft Power Americano




Según Bruno Fanelli la tragedia de George Floyd no solo golpea al corazón de la sociedad estadounidense y abre heridas que nunca fueron sanadas sino que también acentúa el proceso de pérdida de prestigio internacional de Estados Unidos. Para analizar brevemente este fenómeno, me valdré del concepto de “poder blando”. Este término, acuñado por Joseph Nye en un libro editado en 1990, se refiere al poder de atracción de la cultura de un país determinado y cómo esta influye en otras naciones. Al momento de publicación de este libro, Estados Unidos resultaba victorioso en la Guerra Fría y parecía que las fuentes del poder norteamericano eran inagotables. Estados Unidos gozaba de una indiscutida superioridad militar y primacía económica, lo que se conoce como “poder duro”. Adicionalmente, su cultura, instituciones e ideología eran el modelo a seguir en gran parte del mundo. A esto hay que sumar la influencia ejercida a través de organizaciones multilaterales que moldeaban el sistema internacional de manera favorable a los intereses de Washington. Estos últimos elementos son lo que conocemos como “poder blando”, la capacidad de que otros “quieran lo que yo quiero”.

Ahora bien, estas prerrogativas se encuentran hoy objetadas. Estados Unidos goza aún de una superioridad militar, pero China está rápidamente cerrando esa brecha. Especialistas en el tema creen que Beijing tardará algo más de una década en lograr una paridad militar-tecnológica con Washington. En términos económicos, si en 1990 la economía norteamericana era la líder mundial, el tamaño total de la economía china, medida por poder de compra, la ha superado. En cuestiones tecnológicas, este último país parece haber llegado primero a ciertas tecnologías fundamentales, como es el caso del polémico 5G. Y en materia diplomática, el Gobierno de Donald Trump ha seguido posturas que complicaron fuertemente su relación con aliados tradicionales, como es el caso de la Unión Europea, al tiempo que ha reducido drásticamente su participación y apoyo a los organismos multilaterales. Nada de esto es fortuito y forma parte de la visión del actual gobierno norteamericano. Hay que reconocer en Trump una extraña virtud en un político: cumple con sus promesas. En este contexto, las violentas divisiones que atraviesan a la sociedad estadounidense hacen mella en la reputación de Washington. Sin embargo, la mera existencia de un sistema republicano de gobierno ofrece las mejores garantías posibles de que dichas divisiones puedan resolverse de manera pacífica. No en vano Estados Unidos ha gozado de un gobierno representativo por casi dos siglos y medio. Y es este sistema representativo que ofrecerá a la sociedad la posibilidad de elegir entre el “America First” o buscar reconstruir el soft power perdido.

Referencia:

El Economista. (2021, 24 septiembre). ¿El adiós al soft power de Estados Unidos? https://eleconomista.com.ar/internacional/el-adios-soft-power-estados-unidos-n34813

viernes, 17 de febrero de 2023

El Soft Power y La Política Estadounidense (Post Original)

 

El Soft Power y La Política Estadounidense 




El poder blando se desarrolla a partir de Estados Unidos, a partir de los valores domésticos y a partir de la política exterior. Muchos de los efectos de la cultura, para bien o para mal, están fuera del control del gobierno. Pero el gobierno todavía puede hacer mucho. Se puede mejorar la diplomacia pública en todas las dimensiones y también las considerablemente nuestras capacidades de difusión así como nuestra escasa presencia en Internet. Pero ambas también deberían basarse en una mejor capacidad de escucha. Newt Gingrich ha escrito que “el impacto y el éxito de una nueva estrategia de comunicación de Estados Unidos debería medirse continuamente país por país. Una compañía independiente de asuntos públicos debería informar semanalmente sobre cómo los mensajes de Estados Unidos son recibidos en, al menos, los cincuenta mayores países del mundo. El semejante enfoque nos ayudaría a seleccionar los temas relevantes así como a afinar en nuestras respuestas a corto plazo. Y deberíamos incrementar seriamente nuestras inversiones en poder blando. Podríamos permitirnos fácilmente duplicar el presupuesto que destinamos a la diplomacia pública, así como mejorar tanto su perfil como su dirección desde la Casa Blanca. Es igualmente importante incrementar los intercambios entre las sociedades que permitan a nuestros ricos y diversos sectores no gubernamentales interactuar con los de otros países. Fue un gran error para la Administración Clinton y el Congreso recortar en un treinta por ciento el presupuesto de la diplomacia cultural y los intercambios. La comunicación más efectiva a menudo no es la que se produce a través de medios de difusión distantes, sino con contactos cara a cara como lo que Edward R. Murrow llamó comunicación “a un metro”. A menudo, los mejores comunicadores no son los gobiernos sino los civiles, tanto los que proceden de Estados Unidos como de otros países. Necesitaremos ser más inventivos en este área, ya sea encontrando formas de mejorar los procedimientos de concesión de visados para los intercambios educativos, animando a más estudiantes americanos a estudiar fuera, repensando el rol de los Peace Corps, inventando un programa mayor para extranjeros para que enseñen sus lenguas en escuelas americanas, fundando una corporación para la diplomacia pública que saque provecho de los recursos de los sectores privados y sin ánimo de lucro, o según una miríada de otras vías. Tal y como ha observado Michael Holtzman en relación al Oriente Medio, nuestra diplomacia pública debe reconocer un mundo que es mucho más escéptico hacia los mensajes del gobierno de lo que habíamos asumido. “Para ser creíble de cara a la denominada calle árabe, la diplomacia pública debería dirigirse principalmente a las esferas de la vida cotidiana. Washington debería invertir su dinero en ayudar a los médicos, profesores, empresarios, líderes religiosos, equipos deportivos y actores americanos a salir fuera y proveer los tipos de servicios que los habitantes del Oriente Medio anhelan”. Tal y como vimos en el capítulo dos, muchos de los problemas sociales y políticos que tiene Estados Unidos en casa son compartidos con otras sociedades postmodernas, pero estas comparaciones tan odiosas no socavan seriamente nuestro poder blando. Por otro lado, mantenemos nuestra fuerza en la apertura de ideas, libertades civiles y democracia que atraen a los demás. Los problemas para nuestro poder blando se incrementan cuando no vivimos de acuerdo a nuestros propios estándares. Mientras luchamos para encontrar el equilibrio adecuado entre seguridad y libertad en la lucha contra el terrorismo, es importante recordar que otros también nos están viendo. La Administración Bush se merece algún crédito al responder a las acusaciones de los grupos de defensa de los derechos humanos acerca de las torturas a sospechosos, y rechazar inequívocamente la utilización de cualquiera de las técnicas de interrogatorio que constituyen un trato “cruel” prohibido por la constitución. Algunas políticas domésticas como la pena capital y la ausencia de control de las armas, reducen el atractivo de Estados Unidos en otros países, pero también son el resultado de valores distintos que pueden persistir por un tiempo. Otras políticas, como el rechazo a reducir la producción de vehículos emisores de gas, dañan la reputación americana porque parecen ser autoindulgentes y muestran la falta de voluntad a la hora de considerar los efectos que producimos sobre el cambio climático global y sobre otros países. De forma similar, los subsidios a la agricultura doméstica, estructurados para proteger a granjeros ricos, mientras preconizamos las virtudes del libre mercado a los países pobres, es percibida como hipócrita a ojos de los demás. En una democracia, el “perro” de la política doméstica a menudo es demasiado grande para ser desplazado por “la cola” de la política exterior, pero cuando ignoramos las conexiones entre los dos, nuestra aparente hipocresía es costosa para nuestro poder blando. La manera en el que el gobierno puede hacer un máximo a corto plazo para recuperar las recientes pérdidas americanas de poder blando es ajustando el estilo y sustancia de nuestra política exterior. Obviamente, hay veces en las que la política exterior sirve a intereses nacionales fundamentales, y no puede y no debería ser modificada. Pero a menudo, las tácticas pueden ajustarse sin abandonar los intereses básicos. El estilo puede ser la parte más fácil de cambiar. Para empezar, la Administración podría volver a la sabiduría de la humildad y a las advertencias en contra de la arrogancia que George W. Bush expresó en su campaña electoral del año 2000. No hay necesidad de divertirte avergonzando a los aliados, o de tener un secretario de defensa que les insulte mientras el secretario de estado intenta ganarlos. Tal y como escribió un columnista británico en el Financial Times, “tengo una especial debilidad por Donald Rumsfeld. Pero como embajador de los valores americanos tan admirados alrededor del mundo no puedo pensar en nadie peor. El Primer Ministro Tony Blair lo puso de manifiesto en su discurso del año 2003 ante el Congreso Americano, cuando dijo que ahora el desafío real para Estados Unidos es mostrar que esto es una asociación basada en la persuasión y no en el dominio. La parte más importante de la política de la Administración Bush se merece el reconocimiento por los esfuerzos a la hora de alinear a Estados Unidos con las aspiraciones a largo plazo de los pueblos pobres en África y de todo el mundo a través de su iniciativa “Desafío del Milenio”, que promete incrementar la ayuda a aquellos estados que se comprometan a realizar reformas, así como a incrementar sus esfuerzos para combatir el sida y otras enfermedades infecciosas. El éxito en la implementación de estos programas representará una inversión significativa en poder blando. También lo será la promoción real del proceso de paz en Oriente Medio. La Asesora de Seguridad Nacional Condoleezza Rice ha dicho, Estados Unidos es un país que realmente tiene que estar comprometido con los valores y con la mejora en las condiciones de vida de la gente alrededor del mundo no es solo la espada, es la rama de olivo la que comunica esas intenciones. En relación a la espada, Estados Unidos la continuará necesitando de cuando en cuando en su lucha contra el terrorismo y en nuestros esfuerzos para crear estabilidad. Mantener nuestro poder duro es esencial para la seguridad. Pero no tendremos éxito únicamente con la espada. Nuestra doctrina de contención nos llevó al éxito en la Guerra Fría, no solo a causa de la disuasión militar sino también porque, tal y como el famoso diplomático George Kennan diseñó la política, nuestro poder blando ayudaría a transformar al Bloque Soviético desde dentro. La contención no fue una doctrina militar estática sino una estrategia transformativa, aunque una que tardó décadas en realizarse. De hecho, Kennan advirtió frecuentemente contra lo que él entendía como la sobre militarización de la contención, y fue un férreo defensor de los contactos e intercambios culturales. Aquellas lecciones sobre la paciencia y la combinación de poder duro y poder blando siguen siendo de gran ayuda. Cuando usamos nuestro poder duro, necesitamos estar más atentos a las formas para que sean menos costosas para nuestro poder blando, creando amplias coaliciones. Aquí el modelo debería ser el trabajo paciente y esforzado de George H. W. Bush a la hora de formar la coalición para la primera Guerra del Golfo. Aquellos que dan por perdida a la “Vieja Europa” como tan embaucada por Venus que está totalmente opuesta al uso de la fuerza deberían recordar que el setenta y cinco por ciento de los franceses, y el sesenta y tres por ciento de los alemanes, apoyaron el uso de la fuerza para liberar Kuwait antes de la Guerra del Golfo. De forma similar, ambos países fueron participantes activos en el uso de la fuerza por parte de la OTAN contra Serbia en la Guerra de Kosovo de 1999, a pesar de la ausencia de una resolución formal del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La diferencia en estos dos casos era que el uso de la fuerza parecía legítimo. Teníamos poder blando, y éramos capaces de atraer aliados. Las Naciones Unidas no son la única fuente de legitimidad, y mucha gente concluyó que la campaña de Kosovo era legítima porque tuvo el apoyo de facto de una gran mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad. Las Naciones Unidas son a menudo una organización difícil de manejar. El poder de veto en el Consejo de Seguridad ha supuesto que únicamente haya sido posible autorizar el uso de la fuerza para una verdadera operación de seguridad colectiva en dos ocasiones en medio siglo: en Corea y en Kuwait. Pero fue diseñada para ser un concierto de grandes potencias que no funciona cuando estuviesen en desacuerdo. El veto es como el cuadro de luces del sistema eléctrico de una casa. Mejor que salten los plomos y se apaguen las luces para que la casa arda. Además, tal y como Kofi Annan apuntó después de la Guerra de Kosovo, las Naciones Unidas están divididas entre la interpretación estricta y tradicional de la soberanía estatal y el ascenso del derecho humanitario internacional y de los derechos humanos, que establecen límites a lo que los líderes puedan hacer con sus ciudadanos. Asimismo, las políticas de consenso han hecho que la Carta de Naciones Unidas sea virtualmente imposible de modificar. Sin embargo, a pesar de todos sus fallos, las Naciones Unidas han probado ser útiles en sus roles humanitarios y de mantenimiento de la paz ahí donde los estados se ponen de acuerdo, y sigue siendo una importante fuente de legitimidad en la política internacional. Este último punto es particularmente irritante para los nuevos unilateralismo, que apuntan correctamente a la naturaleza antidemocrática de muchos de los regímenes que votan y presiden comités. Pero la solución que proponen de sustituir las Naciones Unidas por una nueva organización de democracias ignora el hecho de que las mayores divisiones en relación a Irak se dieron entre democracias. Antes que entablar esfuerzos fútiles para ignorar las Naciones Unidas o para cambiar su arquitectura, deberíamos mejorar nuestra diplomacia bilateral subyacente junto con la de los otros grandes poderes y utilizar las Naciones Unidas de forma práctica para que pueda ayudar con la nueva estrategia. Además del desarrollo de las Naciones Unidas y de su agenda humanitaria, el Consejo de Seguridad podría terminar jugando un papel de fondo en relación a Corea del Norte; el Comité Contra el Terrorismo puede instar a los estados a mejorar sus procedimientos; y las tropas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas pueden librarnos de tener que ser el único policía del mundo. Las Naciones Unidas pueden sernos útiles en una gran variedad de formas prácticas si trabajamos en ello; los ataques unilaterales en su contra realizados por americanos se volverán en contra nuestra de forma tal que recortará nuestro poder blando. Los americanos están todavía trabajando para encontrar su camino tras el 11 de Septiembre. Estamos buscando a tientas un camino a través del extraño nuevo paisaje creado por la tecnología y la globalización, cuyos aspectos oscuros fueron iluminados de forma vívida en aquella ocasión traumática. La Administración Bush ha identificado correctamente la naturaleza de los nuevos desafíos que afronta la nación y ha reorientado la estrategia en consecuencia. Pero la Administración, al igual que el Congreso y el público, se ha visto dividida entre las diferentes perspectivas acerca de la implementación de la nueva estrategia. El resultado ha sido una mezcla de éxitos y fracasos. Hemos sido más exitosos en el ámbito del poder duro, donde hemos invertido más, nos hemos entrenado más y tenemos una idea más clara de lo que estamos haciendo. Hemos tenido menos éxito en las áreas del poder blando, donde nuestra diplomacia pública ha sido lamentablemente inadecuada y donde nuestra negligencia de los aliados e instituciones ha creado una sensación de ilegitimidad que ha despilfarrado nuestro atractivo. Y sin embargo esta situación es irónica porque Estados Unidos es el país que está en primera línea de la revolución de la información, y es el país que construyó algunas de las alianzas e instituciones más duraderas que ha visto el mundo moderno. Deberíamos saber cómo adaptarnos y trabajar con dichas instituciones, al haber sido centrales para nuestro poder durante más de medio siglo. Y Estados Unidos es un país con una vida social y cultural vibrante que proporciona un número casi infinito de puntos de contacto con otras sociedades. Y lo que es más, durante la Guerra Fría demostramos saber utilizar los recursos de poder blando que produce nuestra sociedad. Es el momento de aprovechar y combinar nuestras tradiciones de forma diferente. Necesitamos más Jefferson y menos Jackson. Nuestros wilsonianos están en lo correcto en cuanto a la importancia de la transformación democrática de la política internacional a largo plazo, pero necesitan recordar el papel de las instituciones y de los aliados. También necesitan templar su impaciencia con una buena combinación de realismo hamiltoniano. En suma, el éxito de Estados Unidos dependerá de que desarrollemos una mejor comprensión del papel del poder blando, y de que desarrollemos un equilibrio mejor entre poder duro y blando en nuestra política exterior. Éste será el poder inteligente. Lo hemos hecho antes; podemos volver a hacerlo.


Referencia:

Nye Jr, JS y Ruiz, JT (2010). Prefacio y Capitulo 5 "El poder blando y la politica exterior americana". Relaciones internacionales: Revista académica cuatrimestral de publicación electrónica , 14 , 117-14

domingo, 12 de febrero de 2023

Soft Power (Post Video)


El Soft Power 


Referencia:

Chicago Council on Global Affairs. (2019, 26 febrero). Captain America and Hip-Hop: American Soft Power Diplomacy [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=1-jxHJb881I 

Soft Power y el Imperio Americano (Post Original)


Soft Power y el Imperio Americano

No todo el mundo está de acuerdo con esta imagen de la naturaleza cambiante de la política mundial, y por ello esas voces discrepantes recomiendan una aproximación diferente a la política exterior americana. Muchos alegan que nuestra nueva vulnerabilidad requiere un nivel mucho más alto de poderosos controles. Por otra parte, ahora nuestro poder sin precedentes lo hace posible. El escritor Robert Kaplan ha argumentado que, hoy es un cliché afirmar que Estados Unidos posee un imperio global; la cuestión ahora es cómo debería de operar el imperio americano a nivel táctico para dirigir un mundo ingobernable. William Kristol, editor de la revista neoconservadora The Weekly Standard, afirma, “tenemos que pecar de ser fuertes. Y si la gente quiere decir que somos un poder imperialista, bien. Al escribir en 2001 en la misma revista, Max Boot se mostró de acuerdo en el artículo que lleva el explícito título Razones para la creación de un Imperio Americano. Hace tres décadas, la izquierda radical utilizó el término “Imperio Americano” como un epíteto despectivo. Ahora el término ha salido fuera del armario y es usado por numerosos analistas tanto de la izquierda como de la derecha para explicar y guiar la política exterior americana. Andrew Bacevich, por ejemplo, alega que la noción de un imperio americano está ganando un respeto dominante, y no deberíamos preocuparnos por los detalles semánticos y las connotaciones negativas de la palabra imperio. Pero las palabras importan. En Alicia en el País de las Maravillas, la Reina de Corazones le dice a Alicia que puede hacer que las palabras signifiquen lo que ella quiera. Pero el mundo del siglo XXI no es el País de las Maravillas. Si queremos comunicarnos claramente con los demás, tenemos que tener cuidado con el uso que hacemos de nuestras palabras. Si Estados Unidos no es como cualquier otro imperio de la historia, tal y como afirma Bacevich, ¿entonces en qué sentido es un imperio? El uso del término puede apuntar algunas analogías útiles, pero también puede engañarnos, a nosotros y a otros, oscureciendo importantes diferencias. En muchos sentidos la metáfora del imperio es seductora. El ejército americano tiene una proyección global con bases alrededor del mundo y sus comandantes regionales algunas veces actúan como si fuesen procónsules e incluso son llamados procónsules en la prensa. El inglés es una lengua franca como lo fue el latín. La economía americana es la mayor del mundo, y la cultura americana funciona como un imán. Pero es un error confundir las políticas de primacía con las del imperio. Aunque ciertamente existen relaciones desiguales entre Estados Unidos y potencias más débiles, y que pueden conducir a la explotación ante la ausencia de control político formal, el término “imperial” puede llevarnos al error. Su aceptación sería una guía desastrosa para la política exterior americana porque falla a la hora de tener en cuenta cómo el mundo ha cambiado. Estados Unidos no es ciertamente un imperio en la forma en que pensamos los imperios europeos de ultramar de los siglos XIX y XX porque la característica más importante de aquel imperialismo era el control político directo. Estados Unidos tiene más recursos de poder que los que tenía Reino Unido en el momento cumbre de su poder imperial. Por otro lado, Estados Unidos tiene un control menor sobre el comportamiento en el interior de otros países que el que tenía Reino Unido cuando dominaba una cuarta parte del globo. Por ejemplo, las escuelas, los impuestos, las leyes y las elecciones de Kenia por no mencionar sus relaciones exteriores eran controladas por oficiales británicos. Incluso donde Reino Unido practicó el gobierno indirecto a través de potentados locales, como en Uganda, ejercía mucho más control que el que tiene Estados Unidos hoy. Algunos intentan rescatar la metáfora refiriéndose a un imperio informal o un imperialismo de libre comercio, pero esto sencillamente oscurece diferencias importantes en los grados de control sugeridas por las comparaciones con los verdaderos imperios históricos. Sí, los americanos tienen una amplia influencia, pero en el año 2003 Estados Unidos ni siquiera logró que México y Chile votaran a favor de una segunda resolución sobre Irak en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El Imperio Británico no tuvo ese problema con Kenia o India. Los devotos del nuevo imperialismo dicen, no seas tan literal. «Imperio» es simplemente una metáfora. Pero el problema con la metáfora es que implica un control desde Washington que es irreal, y refuerza las fuertes tentaciones prevalecientes hacia el unilateralismo presentes en el Congreso y en parte de la Administración. Tal y como vimos en el capítulo uno, los costes de la ocupación de otros países se han vuelto prohibitivos en un mundo de múltiples nacionalismos, en el que la legitimidad del imperio es desafiada ampliamente. Vimos tamnién que el poder depende del contexto, y que la distribución de poder difiere ampliamente en función de los diferentes dominios. Vimos que en la era de la información global, el poder es distribuido entre países siguiendo un patrón que se parece a un complejo juego de ajedrez tridimensional. En el tablero superior de los asuntos político-militares, el poder militar es principalmente unipolar, pero en el tablero económico, en el medio, Estados Unidos no es un hegemón o un imperio, y debe negociar como un igual con Europa cuando actúa de forma unificada. Y en el tablero inferior de las relaciones transnacionales, el poder está disperso de forma caótica, y no tiene sentido utilizar términos tradicionales como unipolaridad, hegemonía, o imperio americano. Aquellos que recomiendan una política exterior imperial basada en descripciones militares tradicionales del poder americano confían en un análisis lamentablemente erróneo. Si estás en un juego tridimensional, perderás si te concentras únicamente en un tablero y no verás los demás tableros y las conexiones verticales entre ellos no serás testigo de las conexiones en la guerra contra el terror entre las acciones militares del tablero superior, donde derribamos a un peligroso tirano en Irak, pero incrementamos al mismo tiempo la habilidad de la red de Al Qaeda para ganar nuevos reclutas en la base, en el tablero transnacional. Gracias a su liderazgo puntero en la revolución de la información y a sus inversiones pasadas en poder militar, probablemente Estados Unidos seguirá siendo el país más poderoso bien entrado el siglo XXI. No es probable que los sueños franceses de un mundo militar multipolar se materialicen pronto, y el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joschka Fischer, ha evitado explícitamente esa meta. Pero no todas las formas importantes de poder proceden del cañón de una pistola. El poder duro es relevante para conseguir los objetivos que deseamos en los tres tableros de ajedrez, pero muchas de las cuestiones transnacionales como el cambio climático, la expansión de enfermedades infecciosas, el crimen internacional y el terrorismo no pueden resolverse únicamente mediante el uso de la fuerza. Estas cuestiones representan el lado oscuro de la globalización, son inherentemente multilaterales y requieren de la cooperación para su solución. El poder blando es particularmente importante para lidiar con las cuestiones que proceden del tablero de ajedrez inferior, el de las relaciones transnacionales. Describir semejante mundo tridimensional como si fuese un imperio americano fracasa a la hora de captar la naturaleza real de las tareas que debemos llevar a cabo en política exterior. Otro problema para aquellos que nos exhortan a aceptar la idea de un imperio americano es que malinterpretan la naturaleza subyacente de la opinión pública y las instituciones americanas. Aunque es verdad que la ocupación unilateral y la transformación de regímenes no democráticos en el Oriente Medio y en otras partes reduciría algunas de las fuentes del terrorismo transnacional, la cuestión es si el público americano toleraría un rol imperial para su gobierno. Escritores neoconservadores como Max Boot afirman que Estados Unidos debería proveer a los estados con problemas con el tipo de administración extranjera ilustrada que en su momento proveyeron ingleses seguros de sí mismos vestidos con pantalones de estilo jodhpur y casco de explorador, pero tal y como apuntó el historiador británico Niall Ferguson, los Estados Unidos modernos difieren mucho del Reino Unido del siglo XIX en nuestro corto marco temporal crónico. Aun siendo un defensor del imperio, a Ferguson le preocupa que el sistema político americano no esté capacitado para esa tarea y, para bien o para mal, está en lo cierto. Estados Unidos ha intervenido y gobernado países en América Central, el Caribe, y Filipinas, y estuvo tentado brevemente por el imperialismo real cuando emergió como potencia mundial hace un siglo, pero el interludio formal imperial no duró. A diferencia de los británicos, para los americanos el imperialismo nunca ha sido una experiencia confortable, y solo una pequeña porción de los casos de ocupación militar americana condujo directamente al establecimiento de democracias. El establecimiento de la democracia en Alemania y Japón después de la II Guerra Mundial sigue siendo la excepción más que la regla, y en esos países llevó casi una década hacerlo. El imperio americano no está limitado por la sobreexpansión imperial en el sentido de que costase una cantidad imposible de asumir de nuestro PIB. Durante la Guerra Fría, dedicamos un porcentaje mucho mayor de nuestro PIB a nuestro presupuesto militar de lo que hacemos hoy en día. La sobreexpansión vendrá de tener que controlar cada vez más estados periféricos con un público nacional resistente de lo que la opinión pública, americana o extranjera, podrá aceptar. Las encuestas muestran el escaso gusto entre los americanos por el imperio. En su lugar, el público americano continúa diciendo que apoya el multilateralismo y el trabajar con Naciones Unidas. Quizás es por ello que Michael Ignatieff, un canadiense que defiende la aceptación de la metáfora del imperio, lo califica al referirse al papel americano en el mundo como el imperio ligero. De hecho, el problema de crear un imperio americano sería más bien el de la “sub expansión imperial”. Ni el público ni el Congreso han demostrado la voluntad de invertir seriamente en los instrumentos de construcción nacional y gobernanza por oposición a la fuerza militar. El presupuesto total del Departamento de Estado sólo es el uno por ciento del presupuesto federal. Estados Unidos gasta cerca de diecisiete veces más en su ejército de lo que lo hace en sus relaciones exteriores, y hay pocos indicios de que esto vaya a cambiar en una era de recortes fiscales y déficit presupuestario. Por otra parte, nuestro ejército está diseñado para combatir más que para controlar, y el Pentágono bajo el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld inicialmente recortó los entrenamientos para las misiones de mantenimiento de la paz. Estados Unidos ha formado un ejército que está mejor preparado para echar la puerta abajo, derrocar a un dictador, y luego irse a casa que para hacer el trabajo duro imperial de construir un régimen democrático. Por varias razones, tanto acerca del mundo como acerca de Estados Unidos, los americanos deberían evitar la engañosa metáfora del imperio como una guía para nuestra política exterior. El imperio no es la narrativa que necesitamos para ayudarnos a comprender y a hacer frente a la era de la información global del siglo XXI.

Referencia:

Nye Jr, JS y Ruiz, JT (2010). Prefacio y Capitulo 5 "El poder blando y la politica exterior americana". Relaciones internacionales: Revista académica cuatrimestral de publicación electrónica , 14 , 117-14

El soft power estadounidense (Post embedding)

 

El Soft Power por Joseph Nye 



Para Nye, la razón por la cual Estados Unidos ha encabezado durante un largo tiempo la lista de países de poder blando está fundamentada en la participación que se le ha dado a la sociedad civil en este proceso. Con respecto a los lineamientos que dan forma al poder de persuasión, "tener poder" se daría como resultado del uso exitoso de las capacidades diplomáticas con el fin de ayudar a convencer a otros de la idoneidad, y legitimidad, de sus propias narrativas, decisiones y comportamientos. Lo que se requiere para que el Estado A pueda convencer o persuadir al Estado B en este caso, es el empleo de la argumentación deliberada, el compromiso diplomático directo y forjar cierto grado de confianza. En este sentido el lenguaje diplomático que emplean los Estados, y la manera en que se tratan mutuamente, serían de gran importancia. El "poder normativo" de la Unión Europea es visto por muchos como el ejemplo ideal de esta categoría, aunque en los últimos años se ha producido una erosión radical de la identidad normativa de esta comunidad internacional. Al hablar del poder de la tentación o seducción, el dominio de los Estados sobre otros se fundamenta en su identidad de "poder civil". Aquí, el país A trataría de persuadir y atraer al país B a través de estrategias de incentivos. La forma más efectiva de hacer esto es ofrecer recompensas económicas y castigos de manera selectiva. Se emplea un sistema conocido como “zanahoria o garrote” para influenciar en las decisiones y acciones de otros. La relación de la Unión Europea con sus posibles miembros y la aplicación de la lógica de la condicionalidad que emplea en sus relaciones con los países candidatos, es el mejor ejemplo de este sistema. Durante mucho tiempo, la capacidad que ha tenido la Unión Europea para ayudar a transformar a esos países situados en sus periferias en el marco de sus valores y normas, ha generado un razonamiento instrumental por parte de las naciones que buscan hacer parte de esta comunidad, llegando a pensar que rediseñarse a sí mismos a imagen europea tendría más beneficios que costos. Hoy en día, la Unión Europea parece estar alejándose de su identidad de poder civil que alguna vez alcanzó su máximo apogeo, en medio de diversos desafíos internos y externos. Al referirse al poder de coerción, se acuña también el término de "poder duro". En este escenario, el poder de los Estados para obtener lo que quieren emana de sus capacidades coercitivas. Aquí, A simplemente dicta o impone sus preferencias sobre B y éste hace lo que el primero quiere por miedo. El mejor ejemplo de este tipo de poder se ve evidenciado en las estrategias implementadas en la política exterior de Estados Unidos, muy a pesar del hecho de que, este país posea el grado más alto de poder blando hasta el momento. En el mundo real, no es posible ni apropiado que un país sea categorizado en una sola clase de poder. Todos los Estados, sin importar lo grandes o poderosos que sean en términos de capacidades, tienden a evidenciar una mezcla de estas relaciones de poder en sus políticas exteriores. Con la elección de Trump como presidente de Estados Unidos, y teniendo en cuenta el desempeño del mandatario en su política exterior, no sería del todo erróneo afirmar que las capacidades que tiene el país en términos de poder blando, se han deteriorado. La imagen de Estados Unidos frente a otros países, tras la posesión de Trump, ha empeorado y muchas encuestas realizadas alrededor del mundo revelan que la confianza con respecto al liderazgo internacional de Estados Unidos ha disminuido de manera constante. Comparado con las calificaciones que recibió Obama en su primer año de presidencia, el desempeño de Trump es sin lugar a dudas, desalentador mirándolo desde la perspectiva del poder blando. En lugar de dirigir sus esfuerzos a estrategias de poder de atracción o de persuasión, Trump parece creer que aquellas basadas en el poder de la tentación y coerción podrían aportar más beneficios a su país. Trump ha recortado el presupuesto del Departamento de Estado y redujo las transferencias oficiales a otras instituciones estatales encargadas de colaborar con el desarrollo internacional y la asistencia humanitaria. Aún hay muchas vacantes disponibles en el Departamento de Estado y el éxodo en el barrio Foggy Bottom persiste. Mientras el dinero invertido en diplomacia cultural y pública se ha reducido, el Pentágono ha recibido fondos adicionales que se suman a su inmenso presupuesto. La forma en la que el mandatario ha manejado las disputas con Corea del Norte que incluyen la intervención de armas nucleares en sus políticas globales, también sugieren que Trump no es un hombre de poder blando.


Referencias:

Poder blando y política exterior estadounidense. (s. f.). https://www.aa.com.tr/es/an%C3%A1lisis-de-noticias/poder-blando-y-pol%C3%ADtica-exterior-estadounidense/911653

domingo, 29 de enero de 2023

El Soft Power - Post Video


 El soft power americano 



Referencias: 
EfectoNaim. (2017, 11 septiembre). Poder blando: influencia mundial más allá de la fuerza bruta. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=ile0Rkt0NHM


El Soft Power y la política exterior estadounidense (Post embedding)



El soft power y la política exterior estadounidense por Joseph Nye



De acuerdo con Joseph Nye, el eminente académico estadounidense que acuñó este concepto en el contexto de las prácticas de política exterior de Estados Unidos, el "poder blando" es la habilidad que tiene un Estado para obtener lo que quiere a través de la atracción y persuasión, en lugar de hacer uso del poder de la coerción o del pago. Teóricamente hablando, para que el actor A "tenga" poder sobre el actor B, el primero debería tener una influencia sobre las preferencias y comportamientos del último. Las capacidades que tendrían el potencial de permitir que un Estado tenga poder sobre otro pueden ser tangibles e intangibles. Por ejemplo, la posesión de hardware militar, capacidad económica, población, ubicación geográfica, recursos naturales y la imagen o percepción que un Estado tiene a los ojos de otros. Aunque muchos países pueden contar con estas competencias y en abundancia, su mera existencia, sin embargo, no se traduce automáticamente en la capacidad de los Estados para afectar las decisiones y comportamientos de los demás. Tener poder sobre los demás es diferente a ser poderoso en términos de capacidades. Mientras que las capacidades de poder se pueden medir y cuantificar objetivamente, la tarea de evaluar hasta qué punto un país tiene poder sobre otro, requiere un análisis en profundidad basado en la interacción del uno con el otro. Dicho esto, tener poder sobre las decisiones y acciones de otros puede emanar de diferentes capacidades de poder. En el contexto del poder de atracción, el truco está en la imagen positiva que los Estados tienen ante los ojos de los demás. De acuerdo con Nye, una imagen positiva emana de la cultura, los valores políticos y las políticas exteriores. En este aspecto, el actor A ni siquiera se ve en la necesidad de involucrar al actor B para causar un impacto en sus acciones. B alinear sus decisiones y acciones con las de A de manera automática y voluntaria, ya que las de B serían atraídas por las de A. De esta manera, A obtendría lo que se propone sin hacer nada. Esta es la relación de poder más económica, ideal y utópica que existe. El poder de atracción elaborado, por otro lado, proviene de inversiones deliberadas e intencionadas de los países en su imagen y legitimidad internacional. Según este concepto, el país A hace algo para ayudar a aumentar su poder de atracción a los ojos del país B sin comprometerse a nada directamente. La implementación de varias estrategias de marca y comercialización de historias nacionales en el mercado global de narrativas, son de vital importancia. En la era de la interconexión global y la información, lo que importa es ayudar a la producción de narrativas atractivas. Mientras que algunos países como China, Rusia, Brasil e India gastan mucho tiempo y dinero para fabricar narrativas nacionales trabajando de manera jerárquica, de arriba hacia abajo, algunos otros como Estados Unidos, lo hacen de una manera ascendente a través de la representación de organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil.

Referencias:
Poder blando y política exterior estadounidense. (s. f.). https://www.aa.com.tr/es/an%C3%A1lisis-de-noticias/poder-blando-y-pol%C3%ADtica-exterior-estadounidense/911653

El soft power y la politica exterior estadounidense(Post Original)



Soft Power y la Política Exterior de Estados Unidos 




El antiamericanismo ha crecido en los últimos años. Thomas Pickering un experimentado diplomático consideró 2003 “como el cenit del antiamericanismo, tal y como hemos visto durante mucho tiempo”. Las encuestas mostraban que las pérdidas de poder blando en Estados Unidos pueden atribuirse en buena medida a la política exterior. Una visión extendida y de moda es la de que Estados Unidos es un poder imperial clásico. Este sentimiento ha sido expresado de diferentes formas por diferentes personas, desde los fans de hockey en Montreal que abuchean el himno nacional americano hasta los estudiantes de instituto de Suiza que no quieren ir a Estados Unidos en calidad de estudiantes de intercambio. Un observador australiano concluyó que la lección de Irak es que el poder blando de Estados Unidos está en declive. Bush fue a la guerra habiendo fracasado en la formación de una gran coalición militar o en la obtención de una autorización de Naciones Unidas. Esto tuvo dos consecuencias directas: el crecimiento del sentimiento antiamericano, impulsando el reclutamiento terrorista; y un mayor coste para Estados Unidos de los esfuerzos de guerra y de reconstrucción. En quince de veinticuatro países, la mayoría de los encuestados en un sondeo de Gallup International dijo que las políticas exteriores americanas tenían un efecto negativo en sus actitudes hacia Estados Unidos. Una encuesta del Eurobarómetro reflejó que la mayoría de los europeos creen que Estados Unidos juega un papel negativo al combatir la pobreza global, proteger el medio ambiente y mantener la paz en el mundo. Cuando fueron preguntados en una encuesta de Pew hasta qué punto pensaban que Estados Unidos tiene en cuenta vuestros intereses, una mayoría en veinte de los cuarenta y dos países encuestados contestó “no demasiado” o “para nada”. En muchos países, las puntuaciones desfavorables eran más altas entre los más jóvenes. La cultura pop americana puede ser ampliamente admirada entre la gente joven, pero la impopularidad de nuestra política exterior está haciendo que la próxima generación cuestione el poder americano. La música y las películas americanas son más populares en Reino Unido, Francia y Alemania que hace 20 años, otro periodo en el que las políticas americanas eran impopulares en Europa, pero el atractivo de nuestras políticas es incluso más bajo de lo que era entonces. Hay también indicios de que nuestra política exterior podría estar destruyendo y socavando el atractivo de otros aspectos de la cultura popular americana. Un estudio de Roper de 2003 revelaba que por primera vez desde 1998, los consumidores de treinta países mostraron su desencanto con Estados Unidos siendo menos proclives a comprar productos Nike o comer en McDonald’s. Al mismo tiempo, nueve de las doce mayores compañías asiáticas y europeas, incluyendo Sony, BMW y Panasonic, vieron crecer sus puntuaciones.

Referencias:
Nye Jr, JS y Ruiz, JT (2010). Prefacio y Capitulo 5 "El poder blando y la politica exterior americana". Relaciones internacionales: Revista académica cuatrimestral de publicación electrónica , 14 , 117-140.

domingo, 15 de enero de 2023

¿ Que es el soft Power? - Post Video

 


Referencia:

Daniela Sarmiento Sachica. (2020, 4 diciembre). Poder blando. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=JRwjkHbIZ1M 

martes, 3 de enero de 2023

Introduccion

 


El presente trabajo nació de un proyecto del curso de Política Internacional Norteamericana, elegimos este tema con el objetivo de informar y tener conocimientos de los aspectos generales sobre el Soft Power por que es un término usado en relaciones internacionales para describir la capacidad de un actor político, como por ejemplo un Estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores valiéndose de medios culturales e ideológicos, con el complemento de medios diplomáticos. Este término fue creado en la década de los noventa por Joseph Nye, geopolitólogo estadounidense de la Universidad de Harvard, en su libro Bound to lead: The changing nature of American Power, y se ha convertido en un concepto muy utilizado para analizar las relaciones internacionales. El Poder Blando puede ser utilizado por estados pero también por actores en política internacional, como ONG o instituciones internacionales. También es considerado la segunda cara del poder que indirectamente permite obtener los resultados deseados. El poder blando de un país, de acuerdo a Nye, descansa en tres recursos: cultura , valores políticos y políticas exteriores. Una nación puede obtener los resultados que quiere en política mundial porque otros países admirando sus valores en donde se aspira a su nivel de prosperidad y apertura quieren seguirlo. En este sentido, también es importante establecer el programa y atraer a otros en política internacional, no solo forzarlos a cambiar por amenazas militares, fuerza o sanciones económicas. Este poder blando logra que otros quieran los resultados que tú deseas con las personas en lugar de coaccionar. ​Los recursos del poder blando son activos que producen atracción que a menudo dirige a un acuerdo. Nye afirma que la seducción siempre es más efectiva que la coacción, y valores como la democracia, derechos humanos y oportunidades individuales son profundamente seductoras. Angelo Codevilla, observa que con frecuencia un aspecto esencial que se pasa por alto es que diferentes partes de la población son atraídas o repelidas por diferentes factores, ideas, imágenes, prospectos. El poder blando es obstaculizado por políticas, cultura, o valores que repelen en lugar de atraer.


Referencia:


Castellanos, R. (2022, 5 julio). ¿Qué es el poder blando? El Orden Mundial - EOM. https://elordenmundial.com/que-es-poder-blando-soft-power/